Kiri-e, calado de papel .

Publicado un fragmento en Grabado y Edición No 29 (mayo-agosto 2011) Revista bimestral especializada en grabado y ediciones de arte

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Japón posee una larga tradición en el uso del papel para sus creaciones artísticas. Muchas de sus disciplinas son parte integral de su cultura desde hace más de mil años. Los objetos de papel forman parte de la vida cotidiana, las tiendas especializadas en papeles nacionales son muy habituales y en cualquier rincón puedes adquirir elementos realizados con papel, algunas muestras son la creación de cometas, abanicos, sombrillas, faroles, cajitas, etiquetas, todo tipo de artículos de papelería, detallitos para fiestas infantiles, incluso ropa, bolsos, lámparas, muebles… realizados con maravillosas hojas de papeles de colores de suave tacto, miles de objetos comunes que al tocarlos parecen seda. El esmero a la hora de envolver y decorar las comidas y los regalos son también un arte. Paseando por el barrio comercial de Chuo-ku de Tokyo me sitúo en la calle Ginza, la papelería Kyukyodo es mi primera parada, allí se pueden encontrar diferentes calidades de papeles, postales, cuadernos hechos a mano y estampados con una ligera huella con motivos florales, paisajes o aves… son las delicias de cualquier amante del papel. Continúo mi recorrido por la calle Ginza y me detengo en Ito-ya, un almacén de varias plantas dedicado exclusivamente a artículos de papelería, y busco una de sus especialidades, el papel tesuki washi, papel japonés elaborado de forma artesanal con las técnicas tradicionales. Estoy varias horas contemplando, comparando texturas y después de adquirir papeles washi de fibras de kozo, mitsumata y gampi, me dirijo calle abajo dirección al Kabukiza, uno de los principales teatros kabuki de Tokyo.

Para conocer los orígenes del papel en Japón debemos remitirnos a su invención en China. La mayoría de los tratados escritos sobre el papel atribuyen su nacimiento a Ts ́ai Lun, un eunuco de la corte en la China Central. Desde el III milenio a. C. la seda, bien sola o combinada con trapos, había sido la materia prima en la producción de soportes tanto caligráficos como pictóricos.

En el año 105 d. C. Ts ́ai Lun enseña por primera vez un combinado de fibras vegetales maceradas que, tras un proceso de manipulación, constituirán el nuevo material.1 Permaneció en secreto más de cuatrocientos años pero finalmente la técnica de fabricación del papel pasó a Corea y en el año 610, el sacerdote coreano Ramjing fue a Japón para ofrecer asesoría en la producción de pinceles, tinta y difundir la fabricación del papel.

En el año 794 se traslada la capital de Nara a Heiankyo (actual Kyoto) tomando como modelo la capital de China en aquellos tiempos. Kyoto continuó siendo la sede del trono durante mil años. Esto marcó el comienzo del período Heian (794- 1185) siendo uno de los más importantes períodos desde el punto de vista económico, político y artístico.

Los contactos con China se interrumpieron hacia finales del siglo IX y desde entonces, la civilización japonesa empezó a consolidar sus propias características y formas asimilando muchos elementos de la cultura china. Sin embargo, en casi todos los campos rápidamente destacó su propia impronta desarrollando un estilo cultural propio.

Así pues, la primera fábrica de papel, llamada ShioKu-In, se estableció hacia el año 806 a lo largo del río Shioku en Kyoto; en ella se elaboraban los papeles requeridos por la corte, como papel de caligrafía, a la vez que servían como escuela de papel, enseñando a las áreas cercanas.2 Ese fue el comienzo de una seria producción de papel en Japón convirtiéndose, a principios del período Heian, en un elemento importante de la cultura aristocrática. De la creación de los escudos de familia y del corte de las plantillas para realizarlos se llega al desarrollo del arte japonés del Kiri-e.

Las diferentes disciplinas desarrolladas con el papel en Japón son muy populares y normalmente son practicadas desde el periodo escolar como técnicas de perfección y destreza manual. Las más destacadas son la técnica Chigirie o la realización de dibujos con papeles rasgados, el Kumitate o técnica del encastre en papel, que se realiza preparando pequeños módulos triangulares encastrados entre sí, produciendo distintas formas y objetos. El Origami o papiroflexia, que más que una técnica es un arte, está basada en el doblado de papel para crear

figuras bi y tridimensionales y el Kiri-e o calado de papel, técnica que consiste en calar un papel sobre el cual se crea la imagen.

El Kiri-e tradicional es el calado de una sola hoja de papel negro sobre la cual se traza un diseño continuo enteramente conectado en todas sus partes, de modo que al colocarlo sobre un papel blanco se aprecie una imagen normalmente monocromática, aunque en la actualidad algunos artistas incorporan papeles washi de colores como aportación contemporánea. Seguramente el origen de esta técnica se encuentra en el arte del Katagami que trata de la elaboración de plantillas con papel washi con las que se realizaban los estampados de los kimonos, reproduciendo gran cantidad de motivos con una sola plantilla. Esta técnica se fue perfeccionando hasta que las plantillas en sí se convirtieron en auténticas obras de arte y apareció el Kiri-e.

El Katagami Ise-katagami es el arte japonés consistente en la realización de plantillas o patrones de papel utilizados para la estampación textil principalmente de kimonos. Su origen se localiza durante el periodo Nara (710-794) en ciudades como Shiroko y Jike, en la orilla de la bahía de Ise, en la antigua Provincia de Ise (hoy prefectura de Mie) y se utilizaron por primera vez para la estampación en objetos de cuero tales como estribos y cascos de guerrero. Rápidamente se extendieron por todo Japón gracias a los comerciantes ambulantes, que difundieron la cultura propia de la industria textil nipona transmitiendo su peculiar estética a través de los materiales y las formas.

Las plantillas se realizan a partir de capas muy finas de papel washi superpuestas (normalmente papel de morera), encoladas e impermeabilizadas con jugo de caqui, de ahí su color característico marrón tierra después de ser ahumadas. Este proceso proporciona a los papeles gran flexibilidad permitiendo que los cortes sean más precisos. Los dibujos son cortados con cuchillos finos, normalmente se usan cuchillas de tipo pincel o herramientas con puntas de diversas formas geométricas a modo de finísimas troqueladoras. Antiguamente los maestros artesanos personalizaban sus propias cuchillas, diseñaban distintas formas redondeadas y medían la potencia de los golpes impresos colocándose el mango de la cuchilla en la cara, repitiendo los movimientos de incisión de forma continua y controlando así la presión; como consecuencia se les formaba una gran dureza en la mejilla.

Se practicaban -y se practican- diferentes técnicas de corte. Una es tirando del cuchillo hacia uno mismo consiguiendo cortes rectos largos o también realizando cortes curvos buscando la forma del dibujo; otra es realizando incisiones circulares con finísimas perforadoras o usando devastadores personalizados.

Las imágenes de los Katagami son tremendamente complicadas y por lo tanto de gran fragilidad. Los motivos son muy variados, desde geométricos, de animales, de naturaleza, paisajes, hasta artículos domésticos y objetos cotidianos.

La técnica utilizada en la estampación textil aplicando el uso de las plantillas es el Kataezomeque consiste en imprimar con ayuda de una espátula un compuesto especial resistente hecho de harina de arroz a través de la plantilla para que, al teñir el tejido por completo, el color no se adhiera a las zonas impregnadas con la harina de arroz, haciendo efecto de reserva. El proceso se repite cuantas veces sea necesario y cuan largo sea el tejido con el fin de plasmar el diseño. Después de que la pasta de arroz se ha secado se incorporan los colores con ayuda de un cepillo sobre las áreas libres de pasta de arroz para después pasar a ser lavado y fijado. Otro método también muy común es utilizar las plantillas como estarcidos, aplicando el pigmento a través de los huecos generados en la plantilla y reproduciendo la imagen en la superficie inferior. Normalmente se utilizaba una plantilla para la estampación de un solo kimono pudiéndose reutilizar hasta tres veces máximo.

Seis artistas Katagami han sido designados Tesoro Nacional Viviente3 pero quizás el más destacado sea Serizawa Keisuke (1895-1984), uno de los grandes maestros de la técnica del diseño Kataezome, nombrado Tesoro Nacional Viviente en 1956. En el Museo Municipal de Arte Serizawa Keisuke de la ciudad de Shizuoka se puede contemplar, además de unas ochocientas piezas del artista de indudable belleza, su colección particular de objetos.

En la actualidad Yasutaka Komiya (1925) continúa con la tradición del teñido de kimonos heredada de su padre Kosuke, ambos también nombrados con la misma distinción.

Podría decirse que el arte japonés tradicional es un arte ceremonial con profundas raíces religiosas, espiritual, lírico, amante de la naturaleza y su contemplación; los japoneses se sienten fascinados por los cambios estacionales: La floración del cerezo en primavera, los campos repletos de lirios en verano, los arces de color rojo en otoño o los paisajes nevados del invierno son recursos muy utilizados en sus representaciones. El arte japonés es popular, ligeramente irónico, de escasos elementos, con tendencia a la simplificación, austero, solemne, teatral, colorista y capaz de expresar una belleza infinita.

En el contexto de la cultura japonesa tradicional no existía la distinción entre arte o bellas artes por un lado y artesanía o artes aplicadas por otro, sino que todo se comprendía como una actividad artística artesanal, pero durante el periodo de la restauración Meiji (1868-1912), época de apertura hacia occidente -el principio de la modernidad en Japón-, aparece esta distinción surgiendo el concepto tan manido de “artes menores”.

En la actualidad, el Kiri-e es una actividad muy extendida, existe un importante colectivo artístico que trabaja la técnica del Kiri-e tratando de incorporar perspectivas novedosas frente a la idea de artesanía o Handicraft en la que ha estado sumida muchas décadas. La visita a Madrid del artista japonés Shu Kubo, la exposición en el Espaciovalverde y la impartición de conferencias y talleres por la geografía española es una muestra de ello4.

Shu Kubo es un artista japonés que trabaja la técnica del calado de papel tradicional de forma innovadora. Comenzó su formación como arquitecto, pero muy pronto descubrió esta técnica con la cual lleva más de treinta años creando. El recorte de plantillas lo realiza sobre un soporte negro adherido a un papel encolado e impermeabilizado con jugo de caqui y añade color con papeles washi de colores normalmente fabricados y teñidos por él mismo. Los efectos de perspectiva y profundidad los adquiere a través del contraste del negro frente a los colores claros que va incorporando; con el efecto de traslapo y con el tipo de corte empleado busca el volumen. La densidad del color la obtiene superponiendo varios papeles de color washi de gramaje muy fino consiguiendo una variada gama cromática. En algunos de sus trabajos incorpora materiales de diversos papeles con la finalidad de conseguir acabados tridimensionales. Sin duda, a través de los artistas actuales japoneses se alcanza la contemporaneidad de la técnica del Kiri-e con el empleo de nuevos recursos técnicos y estéticos.

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